martes, 4 de agosto de 2009

CRÓNICAS DE PULPERÍA

El titulo de esta historia corresponde al reciente libro, escrito por el amigo, médico dermatólogo, Jorge Alvarado Romero y publicado, en la Editorial el Perro y la Rana, por hacerse acreedor del premio en el concurso Historias de Barrio Adentro en su serie de Historia Local. Su dedicatoria, que hace Jorge a este escribidor, que igual lleva una lucha para que los recuerdos no vayan a parar al baúl del acosmismo y pueda ser la tesitura que nos lleve a preservar las cosas para que estas generaciones de ahora conozcan de esos ayeres inolvidables y sea por vuestras escrituras el eterno presente, es de profunda nobleza inagotable.

Trae Jorge Alvarado en sus Crónicas de Pulpería, el legado que le dio su padre José Alvarado, el cuál fue el ejemplo de aquilatados principios y una profunda sensibilidad social que vertió para quienes llegaban a la “Bodega de Pepe”, que fue como se conoció la bodega de su padre y como dice Jorge: “era tan sencilla que ni siquiera nombre tenía”. Esta bodega, situada en el cruce de las calles Arvelo y Junín, del barrio Turen de la población de Güigüe, Municipio Carlos Arvelo del Estado Carabobo, era muy parecida a las bodegas que existieron en San Casimiro de Güiripa y que hoy, todavía en pie, se halla la “Bodega la Colmena” (fundada en 1.925), atendida por Andresito, el hijo de don Andrés Carballo, otrora timonel de este mágico recuerdo de las pulperías.
Las bodegas de Güigüe como las de San Casimiro fueron caja de resonancia de noticias y chismes recién horneados, cuando la radio no existía, pero siguieron siéndolo luego de que en mayo de 1.926 surcaron los aires, las ondas hertzianas de la emisora AYRE y se escucharon las voces de Rafael Guinan y Edgar Anzola como también en 1.935 a raíz de los sucesos que derivaron de la muerte de Gómez, se oyó la voz del presidente Eleazar López Contreras.

Aquí en San Casimiro hubo bodegas modestas que carecían de nombres, pero que anunciaban sus productos en el periódico “El Burro”-escandaloso, según su responsable Rafael Parra-. Entre estas pulperías: la de mi tío Felipe Esaá, Ramón Guerra R, la de mi padre Juan Esaá y la de Ricardo Seijas. Otras figuraban con sus nombres: Bodega el Carmen (de Urbano Moreno), Panadería Central (de Antonio Quiroba), Bodega San Expedito (de Rubén Sosa) y Pasaje el Carmen (de Marcelino Armas).

Una de las cosas que no cuenta el libro de Jorge, es la tradición de la ñapa – quizás no la había en Güigüe- en las postrimerías del siglo XIX, cuenta el cronista Eleazar Casado de que “en San Casimiro hubo una asamblea de comerciantes que tomó la determinación de acabar con la ñapa, exceptuando al comerciante Santiago Melchor Álvarez, dueño de bodega “La Llanera” que estuvo donde está hoy “La Perseverancia”. Santiago sostenía tan tradicional costumbre ya que su negocio era muy concurrido, mañana y tarde, por un gran contingente de mandaderos y pobres empleados. Acabar con la ñapa en San Casimiro partió de un tal, don Honorio- no recuerda bien Eleazar -. Los comerciantes convinieron en derogarla o fue por su propio peso. En breves días se propagó la noticia –en las pulperías-…se acabó la ñapa…y los chicos respondían: Eso crees tú!”

Una auténtica pulpería fue “La Colmena” – existe hoy-, cuando era atendida por don Andrés Carballo. Allí se vendía manteca vegetal “La Campana”, papelón, chimó “El sol” y “Vencedor”, tabaco en rama, tabaco hecho, cigarrillos “Bandera Roja”, creolina, alpargatas de goma y de suela, chinelas, velas de sebo – para las espinillas - ,mantequilla “Lactuario Maracay” – detallada con una paleta de madera-, carburo, guaral,mecate,cambures,topochos,cafenol,aspirinas,saldiguera,guayacol,azulillo, sal en grano, trompos, metras, carricillos para cometas, “Bay Run” ,jabón “Reuter”, quinchoncho , fríjol, ñame, aguacates, tortas, buñuelos, besos de coco, hojas de maíz para envolver las hallaquitas, casabe, leña en astillas, guargüeros, -hechos por la negra Carmen Rengifo-,hallaquitas de maíz-elaboradas por Rosa de Vera- y otros productos que la memoria no afloja.

Don Andrés Carballo- siempre vestido de franela blanca salpicada de tabaco en rama-, anotaba las ñapas en unos papeles agarrados por un sujetador y que se podían cambiar por cambures o para ir al cine -.Más acá en el tiempo entregaba unos bonos –en cartoncitos- que decían ñapa y que se negociaban en la misma pulpería .Igualmente había pegado en la pared un almanaque “Rojas Hermanos” sostenidos en las cuatro esquinas por clavitos encima de un cartoncito para que no se viniera abajo esta especie de oráculo del cual se aferraban los clientes para saber cuando vendrían las lluvias, poder sembrar, podar una mata y de las fases de la luna . En el tiempo siempre se mantuvo como una variedad rara de la vigilancia los recordados Antonio Acosta (chivita) y Augusto Almeida (el policía de Ortiz) y que algunos molestaban al ponerles sobrenombre.

El libro de Jorge da luces para comprender las actuaciones de los seres de hoy. En esas pulperías se transmitían saberes, enseñanzas y valores, que son el tema de hoy – estos últimos – y de muchos, y que sino se practican va hacer difícil recuperarlos, como aquellas pulperías que se nos fueron y que hoy están atrapadas en el cautivante libro “Crónicas de Pulpería” del buen amigo Jorge Alvarado.

Realmente Jorge debe haber ejercitado la memoria cuando muchacho, ya que Justino Guaira (músico y barbero), lo ponía a leer las noticias antes de afeitarlo y cuando lo afeitaba le preguntaba acerca de lo leído. Este ejercicio y rociado con “Bay Run” es el remedio infalible para una buena memoria.

¡Que siempre sea, amigo Jorge!




Crónicas de un sancasimireño

Salvador Rodríguez