miércoles, 15 de abril de 2009

Cementerios - Primera Parte -

Morir no es otra cosa que
cambiar de residencia
Horacio.



No se puede asegurar en realidad cuantos cementerios ha tenido la población. Esta crónica pretende dar a conocer los sitios donde han estado los más viejos y en otra entrega, el año en que se comenzó a construir el actual cementerio. Se ha escuchado fuentes orales como también consultados libros y revisados actas en el Concejo Municipal de San Casimiro.
En los años de comienzo de la población estuvo el primero de los cementerios donde está actualmente la casa parroquial edificada por los padres Claretianos. En la época de la conquista, los españoles establecían los cementerios cerca de las iglesias y muchas veces en el mismo recinto de los templos. A San Casimiro de Güiripa no lo fundó un conquistador, sino un sacerdote español – Mariano Martí – y tenía la misma costumbre que los conquistadores.
Después que desapareció el cementerio del lado de la iglesia, se construyó una casa de habitación que en diferentes épocas fue tienda de Lope Medina – natural de Cúa -, Mariano Carrera tuvo una tienda y también estuvo allí la farmacia “Santa Cruz” – quizás el dueño fue el concejal Enrique Santa Cruz o de un antepasado suyo - , y el botiquín de Narciso Crespo, que fue uno de los primeros en colocar billares en su negocio, resultando una innovación en esos tiempos.
Un segundo cementerio estuvo en la calle El Carretero o Ricaurte, desde la casa de Pedro Meza hasta la casa de Juan Reyes – ambos difuntos -. El cementerio se encaramaba más arriba buscando el alto del cerro. Muchos entierros deben haber mirado los ojos del músico Eduardo Gamarra que permitieron imaginar un réquiem para un amigo desaparecido. Igualmente don Antonio Ustáriz debió saber leyendas de ese cementerio o ver estirarse bien temprano en la mañana cuando asomaba en su rancho la recordada María “La manca” que luego de emperejilar su mano derecha y su mano izquierda que la tenía defectuosa, solía pilar las cuartillas de maíz en casas de familias. Cuenta Rafael Castro que María “La manca” tuvo su rancho entre las tumbas del cementerio. O el general Espíritu Santo Hernández que al mirar el sepelio recordaba como a tantos de sus soldados no se le dio cristiana sepultura. También pudo presenciar la procesión detrás del ataúd, el quiromántico Pablo “El llanero” que bajo el frondoso samán buscaba adivinar quien sería el próximo muerto.
Hubo otro camposanto por los lados de la escuela “Augusta Carballo de Blanco”, desde donde está hoy el plantel hasta la casa del difunto Carlos Manuel – Evencio – Paredes. Muchas familias hallaron osamentas cuando construyeron sus viviendas, cuentan que una vez un perro llevaba entre su boca uno de los huesos y fue perseguido por uno de los vecinos para quitárselo y poder enterrarlo de nuevo para que el muerto no anduviera penando.
El penúltimo cementerio se fundó en la entrada del pueblo viniendo de San Sebastián de los Reyes. Allí están enterrados muchos sancasimireños y otros que escogieron a este pueblo para acrecentar sus esperanzas. Este camposanto se llamó “la trampita” que originó el nombre del barrio donde viven numerosas familias. En esa entrada del pueblo están muchos que fallecieron en el siglo XIX cuando San Casimiro de Güiripa fue arruinado por epidemias que acabaron con un sinnúmero de sus pobladores. De este cementerio no se pueden dar esperanzas, de cómo lo llamaban, pero en las actas del Concejo Municipal de 1906 aparece una lista de acreedores de la Corporación y entre ellos hay uno que dice textualmente: “Igual cosa se hizo con los recibos de los celadores del cementerio Benjamín Hernández resultando ser acreedores por ciento noventa y dos bolívares” - 192 - . ¿Se equivocó Mariano Carrera? No se afirma ni se niega. Allí está su nombre asomando después de permanecer en silencio y por más de un siglo.

En la próxima entrega se escribirá sobre el cementerio actual.


Crónicas de un sancasimireño

Salvador Rodríguez

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