miércoles, 15 de abril de 2009

EL CEMENTERIO LAS PALMAS

No aclaran las actas del Concejo Municipal si el nuevo cementerio comenzó a construirse en 1.910, pero si establece, conforme lo dispone la ley Orgánica del Poder Municipal de que el Concejo “está en el deber de crear las rentas municipales y que conforme a esta disposición establece el derecho de sepultura que debe pagarse 3 bolívares por los adultos y 1 bolívar por los párvulos como también la conservación y mejora del cementerio”.Es entre los años 1.910 y 1.911 que comienza a idearse el nuevo cementerio y que más adelante va a llamarse cementerio “Las Palmas”.

En el año de 1.911, comienza a construirse el nuevo cementerio, ya que en la sesión del Concejo Municipal del 10 de Agosto de 1.911, presidida por el segundo Vicepresidente Antonio Valero Carrera se da cuenta “de una nota de la Presidencia y miembros de la Junta Inspectora de la construcción del nuevo cementerio, en la cual suplican que la Municipalidad, les preste su apoyo moral y material a fin de llevar a efecto dicha obra”. En esta misma sesión “se acordó que se conteste al Presidente y miembros de la Junta Inspectora del nuevo cementerio, que la Municipalidad prestará con demasiado gusto su apoyo moral y material a la nueva obra y que desde la presente fecha, pone a su disposición todos los materiales que contenga una pequeña casa propiedad Municipal, situada a inmediaciones del actual cementerio (La trampita o Benjamín Hernández?); a la cual no le faltan un mil quinientas tejas, horcones y viguetas para andamios y una pequeña”.

La construcción del nuevo cementerio se llevaba con muchas interrupciones originadas estas por los problemas que confrontaban las rentas y también por problemas políticos que eran bastantes en esos tiempos. En una Sesión ordinaria del 18 de noviembre de 1.911,”se dio lectura a un proyecto de acuerdo presentado por el concejal Carrera, relativo a protestar contra la nota discordante lanzada por el Gral. José Manuel Hernández (El mocho) y dar un voto de adhesión política y personal al Gral. Juan Vicente Gómez en su carácter de primer Magistrado de la Nación”.Este proyecto se aprobó y se remitió una copia de él con oficio al ciudadano secretario Gral. del Gobierno del Estado”.

En la sesión ordinaria del Concejo Municipal del 11 de agosto de 1.912, presidida por Francisco Nieves “se acordó por unanimidad nombrar una comisión fuera de su seno para la construcción del nuevo cementerio y resultaron electos los ciudadanos doctores Manuel Mele y José María Zamora, concejal Manuel Ledezma y Rosalio Castillo, a quienes de oficio se les comunicará el nombramiento y se les enviará original el proyecto de la resolución “. El 5 de agosto de 1.914 en una sesión presidida por Francisco Nieves, se lee una comunicación del 1º del corriente donde el jefe civil “manifiesta su deseo de terminar la obra del nuevo cementerio y que se oficie al señor Pedro Manuel Álvarez, actual encargado por la junta directiva, a darle impulso a dicha obra o a la entrega de ella y destinar los mil bolívares, apartados para el fomento a la referida obra”.

El 14 de diciembre de este mismo año, el Concejo Municipal dispuso por mayoría la erogación del Tesoro del Fomento la cantidad de 400 bolívares para la compra de materiales para la obra del nuevo cementerio. El 5 de noviembre de 1.915, el Concejo Municipal acuerda una ordenanza y tarifas sobre cementerios donde se establece entre otras cosas que “el cementerio estará a cargo de un celador administrativo cuyos deberes son cumplir las ordenanzas municipales”.Este acuerdo dice en su artículo 1º lo siguiente:”las inhumaciones no podrán verificarse sino en el cementerio y a las horas de ley, salvo los casos de epidemias, en que la autoridad habilite a tal fin otro lugar”.

En una sesión del Concejo Municipal del 3 de Febrero de 1.916, el Presidente Pedro Manuel Álvarez, propuso dictar “una resolución sobre la concesión de terrenos en el nuevo cementerio a todas aquellas personas, que para su construcción, hayan contribuido con 200 bolívares en adelante”, la cual fue aprobada por unanimidad y se nombró una comisión redactora de dicha resolución, compuesta por el Presidente, el concejal Nicolás Guevara y el secretario de la corporación. La comisión “acordó extenderlos a todas aquellas personas que hayan contribuido con 100 bolívares”.

El 9 de Febrero de 1.916, el Concejo Municipal da a conocer en un considerando “ que un grupo de ciudadanos de este municipio capital iniciaron , con motivo del primer centenario de la independencia, construir una capilla que, a la vez que fuera un homenaje al libertador Simón Bolívar y demás héroes de nuestra magna guerra, sirviera de portada a un cementerio para esta población y entre otras cosas resuelve en siete artículos el decreto del funcionamiento y del cual se cita el artículo 7 que dice textualmente:” Esta ley empezará a regir tan luego sea puesto al servicio público el nuevo cementerio”.En la sesión ordinaria del día 17 de julio de 1.917, hubo cuenta “ de una manifestación de los ciudadanos Rosalio, Eladio Vargas y Alfonso Echezuría R donde manifiestan que murió su padre señor Eliseo Vargas, y que exigen se les permita darle sepultura al cadáver en el cementerio “Las Palmas”, comprometiéndose a regalar la suma de 400 bolívares para ayudar a los gastos de la cerca”.El Concejo de mutuo acuerdo dispuso acceder a la petición de los nombrados, por encontrarse la junta escasos de recursos para continuar dicha obra, y por faltar solo dos meses para ser puesto este al servicio público, y de poner en vigencia el decreto dictado por la municipalidad con fecha cinco de noviembre de mil novecientos quince.

Más adelante, el 17 de diciembre de 1.917, se acuerda en sesión presidida por Alberto Peña, la reconstrucción del cementerio público. Lo que acaban de leer es la historia de la construcción del Cementerio “Las Palmas”, y que muchos de los que viven en San Casimiro de Guiripa desconocen su nombre. Es hora ya, de que se le coloque en su entrada el nombre de Cementerio “Las Palmas”, ya que este lugar definitivo está próximo a cumplir un siglo de existencia.



Crónicas de un sancasimireño

Salvador Rodríguez