jueves, 30 de julio de 2009

POR AQUÍ PASARON

CRÓNICAS DE UN SANCASIMIREÑO Por: Salvador Rodríguez




San Casimiro fue paso de tropas patrióticas y de hordas realistas. Desde aquí le escribió el coronel Francisco Carabaño a Francisco de Miranda cuando agonizaba la primera República. Por aquí pasaron hombres semidesnudos amantes de la libertad, como también lo hicieron engendros del demonio que buscaban, sin lograrlo, ahogar en sangre el ejemplo que Caracas dió en 1810. Aquí estuvo el capitán patriota José Francisco Montilla, quien venció al capitán realista Gaspar González. Estuvo aquí por cierto tiempo el padre Almeida, cura realista que pretendió engañar a las fuerzas patrióticas cuando se marchaba a lomo de caballo acompañado de una mula con baúles vacíos pero llenos de traición para la causa de los venezolanos. Estuvo el General Hipólito Rondón hijo ilustre de Tagüay, que sirvió bajo las órdenes del general José Francisco Bermúdez vanguardia del célebre ejército de oriente que mandaba el general Santiago Mariño. También estuvo José Francisco Bermúdez, quien debe haber festejado la derrota de Francisco Rosete al enterarse por boca de unos esclavos de Isidoro López Méndez que venían huyendo de los sanguinarios asesinatos que había perpetrado el jefe realista y sus hombres en el recinto de la iglesia de San Diego de Alcalá, en Ocumare del Tuy. San Casimiro fue sitio de correrías de ese engendro de Lucifer llamado Francisco Rosete, quien había nacido en las Islas Canarias pero se había radicado desde muy joven en Venezuela.
Cuando comenzó la Independencia, Rosete tenía una miserable pulpería en Tagüay, desde ese momento se vinculó a la causa realista llevando a cabo infinidades de crímenes en las poblaciones del Tuy, Tagüay y Camatagua. De este último pueblo fue designado teniente justicia mayor por órdenes de Eusebio Antoñanzas y que le sirvió para destacar su otro yo de verdugo popular.
Francisco Rosete tuvo en Eusebio Antoñanzas su buen maestro en el arte de asesinar inocentes. Aprendió y mejoró la técnica de matar ya que a sus víctimas les mandaba a quitar la planta de los pies y luego los hacía caminar. Antoñanzas quemaba las casas y luego alanceaba los cuerpos inocentes. Francisco Rosete el amamantado por Luzbel, murió en la Batalla del Juncal en el Estado Anzoátegui el 27 de septiembre de 1816.
Por aquí estuvieron las fuerzas patriotas enarbolando la libertad y las hordas realistas que se oponían a esas ansias de libertad. Por aquí estuvieron también los caudillos. San Casimiro como cuna de generales y comandantes también se alineó en bandos de caudillos que tanto daño le hicieron al país.
El general Joaquín Crespo estuvo en la Plaza Bolívar exactamente en el sitio donde quedaba la acera alta de la Casa Parroquial. Allí junto al general Guerra para presenciar la ejecución del general Rafael Blanco, quien le había causado una tremenda herida a una señora que opuso resistencia cuando el general intentó quitarle el dinero que llevaba encima. La dama estaba encinta y la acción le hizo perder la criatura.
A las 3 de la mañana comenzó el acto que tenía conmocionada a la población. El ejército estaba en formación alrededor de la plaza. En primera fila el general Crespo, el general Guerra y el general Pietri. Un redoble de tambores anunció que el reo salía del cuartel; la población agrupada en las aceras y en silencio absoluto lo vió marchar entre dos filas que lo conducía al son de un tambor, detrás de él, el cura de San Casimiro con un crucifijo en la mano rezándole hasta llegar al sitio de ejecución. El ayudante del general Fuentes leyó el fallo del consejo de guerra e inmediatamente un sargento salió a ponerle la venda. Golpe de tambor y otro golpe de parche. Solamente se escuchaban los corazones. Se oyeron las palabras apunten y fuego... y luego las palabras del general Blanco “como es posible que mis comp…..” y cayó por tierra y enseguida el sargento le buscó el oído y le dió el tiro de gracia. Otro redoble de tambor anunciaba que había quedado legalizado el fusilamiento del general Blanco.
El 29 de octubre de 1899 estuvo en la población de San Casimiro el Mocho Hernández. En frente de la Plaza Bolívar en la casa padrinera lo agasajaron con banquete, música y baile. La misma noche del bonche aparecen las fuerzas gubernamentales y el comercio es saqueado, toman las casas particulares, destruyen propiedades, incendian casas, fusilan a varias personas; a otras las vejan y las maltratan.
Don Pedro Manuel Álvarez, buen orador de la población se salva de milagro y solo recibe unos planazos y el encargo de cargar los muertos al cementerio. San Casimiro había pagado bien caro la adhesión a la causa Mochista.