jueves, 30 de julio de 2009

RAFAEL ACEVEDO, MÚSICO NOBLE

CRÓNICAS DE UN SANCASIMIREÑO Por: Salvador Rodríguez





Su nacimiento fue allá por donde febo sembró sol para alumbrar la vida de los hombres buenos y nobles. Allá en aquellas montañas fue su alumbramiento – señala con el dedo, su hijo Oswaldo – entre Chimborazo y El Negro; día de San Alberto y en la estancia cafetera “Las Tres Marías”. Sus primeros nueve años los vivió entre las labores que se le asignaban y los juegos de niños bajo las sombras de los guamos y bucares.
En 1924 cuando apenas contaba los diez años mueren sus padres, Encarnación Acevedo y Natalio Rodríguez; quienes supieron darle buenas costumbres y excelentes modales. Luego de la muerte de sus progenitores no queda sólo; prevé la iglesia y és sagrado compromiso – en ese entonces – que el cura indica en la ceremonia del bautizo, de que si los padres fallecen son los padrinos que están llamados a socorrer al niño huérfano. Este fue el destino del niño Rafael, quien viene a vivir con sus padrinos Miguel Villalba y Celsa Tovar de Villalba quienes tenían su casa de habitación contigua a la de la maestra Rafael D’Milita de Calderón en la calle Monagas, en San Casimiro de Güiripa.
Es con su padrino Miguel Villalba que aprende sus primeras letras y el oficio de carpintero hasta llegar a profesar la construcción de Arpas, llegando sus manos a convertirse en magia hacedora de primorosas cajas musicales. A los 20 años con la ayuda de su primo José María Villaba construye su propia Arpa de tipo Mirandina. Más adelante Don Miguel Zamora le enseña a tocar el instrumento, complementado a su vez con las miradas que echaba cuando ensayaban los hermanos Gonzalo y Macario López.
Rafael También se preparó en el arte de la defensa personal; era necesario para el nuevo oficio que entrenaba: la de arpista. Esto lo hacía por los pleitos que se presentaban en cualquier baile. Su maestro para la defensa personal fue Máximo Ribas, quien le enseño “los trucos de la vera”: esto era batirse con una vera encabuyá y Máximo Ribas con un tabaco encendido que tocaba la cara de Rafael cuando este lanzaba cada verazo sin tocar a su maestro. Rafael se molestaba y se escuchaba el consejo: no debes molestarte, porque la ira ciega al hombre.
Rafael nunca peleó ¡y cómo sabía hacerlo!, y fue un arpista de primorosos acordes que en sus tardes de preludio muchos jóvenes se sentaban a escuchar su canción favorita “El Yaguazo Contestao” en su casa en el barrio La Bandera.
Otra sabiduría que poseía Don Rafael Acevedo fueron los secretos de ensalmar con una telita que punteaba recitando una oración secreta. A muchos curó de torceduras y mal de ojos. Sinceramente este hombre bueno, noble como lo define el santoral del día de su nacimiento, siempre se mantuvo alejado del halago, ¡pardiez! Fueron pocos a los actos que asistió para halagarlo.
Son misterios de la vida. Don Rafael nació el día de San Alberto que quiere decir de “PRECLARA NOBLEZA” o “COMPLETAMENTE NOBLE” y su nombre fue Rafael que significa “Medicina de Dios”. Rafael Acevedo fue sumamente noble y su sabiduría curó a muchos. Murió el 28 de agosto de 1987, faltando escasamente 32 días para celebrar el día de San Rafael.